"Todas Somos Luciérnagas"

    ​Mis queridas luciérnagas, hoy vamos a volar hacia una zona del bosque que a menudo evitamos, una zona húmeda, pegajosa y fría, donde nuestra luz suele parpadear con ansiedad, vamos a hablar de ese monstruo verde de ojos grandes que nos visita a todas alguna vez: los celos.

​No hablo solo de los celos románticos de telenovela, hablo de esa sensación corrosiva, ese vértigo en el estómago que aparece cuando sentimos que alguien más está ocupando "nuestro lugar" en el corazón o en la atención de alguien que amamos.

​Sucede en la familia, cuando nace una hermana nueva o cuando una prima parece llevarse todos los aplausos en la cena de Navidad y tú te sientes invisible en una esquina.

​Sucede en la amistad y duele profundamente, es ese frío que sientes cuando tu "persona vitamina", tu mejor amiga, conecta intensamente con alguien nuevo, de repente, sientes que sobras, que eres la tercera rueda en una bicicleta, y el miedo te susurra que pronto serás olvidada.

​Y, por supuesto, sucede en la pareja, es la comparación constante, el escaneo permanente de "las otras". ¿Es más divertida? ¿Más inteligente? ¿Brilla más fuerte que yo? Es el terror a que tu pareja un día despierte, mire a otra luz y decida que la tuya ya no es suficiente.

​En todos estos escenarios, la emoción base es la misma: el sentimiento de ser reemplazada. La creencia aterradora de que el amor es un recurso limitado, como un pastel pequeño, pensar que si alguien más recibe una rebanada grande, a ti te tocarán las migajas.

​Pero seamos brutalmente honestas, luciérnagas. ¿Por qué la presencia de otra luz nos amenaza tanto? El problema real no es la nueva amiga, ni la cuñada exitosa, ni la compañera de trabajo atractiva de tu pareja, el problema real es que hay un hueco dentro de nosotras que no hemos llenado con nuestro propio amor, y esperamos que los demás lo llenen.

​Los celos son el síntoma de una falta de amor propio radical, cuando no estás convencida de tu valor, cuando no crees que tu luz es única e irrepetible solo por existir, dependes enteramente de la validación externa para sentirte "alguien".

​Si tu valor depende de ser "la favorita", "la única" o "la mejor", entonces la llegada de cualquier otra persona será vista como una amenaza mortal a tu identidad, te sientes reemplazable porque, en el fondo, tú misma no te has dado el lugar que mereces en tu propia vida.

Los celos son una telaraña pegajosa y fría, mientras más te mueves comparándote y controlando a los demás, más te enredas y más apagas tu propio brillo, te conviertes en una vigilante de luces ajenas en lugar de ser la guardiana de la tuya.

​Pero ¿cómo salimos de ahí? Recordando la verdad fundamental de nuestro universo paralelo: una luz nunca ciega a otra.

​Es hora de empoderarte, mi querida luciérnaga. Entiende esto: eres absolutamente irreemplazable, no porque seas "mejor" que nadie, sino porque tu frecuencia lumínica, tu historia, tu risa y tu esencia son únicas en el universo; nadie puede ocupar tu lugar, porque ese lugar tiene tu forma exacta.

​Deja de competir por espacios que ya son tuyos por derecho divino, si alguien no sabe valorar tu luz, el problema es de su visión, no de tu brillo.

​Suelta el miedo, deja de mirar hacia los lados con desconfianza y empieza a mirar hacia adentro con admiración, nutre tu propio fuego, cuando estás llena de ti misma, cuando te amas ferozmente, la llegada de otras luces al bosque no te asusta; te alegra, porque sabes que, en el gran bosque de la vida, hay espacio para que todas brillemos sin hacernos sombra.

​Corta la telaraña, eres libre y tu luz es irreemplazable para ti misma.

#MellSLaure #TodasSomosLuciérnagas

LOS CELOS “La Telaraña del Miedo a Ser Reemplazada”

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